El proyecto se sitúa en la playa de Castelldefels, al sur de Barcelona, y se concibe como un parque urbano junto al mar, un museo de esculturas al aire libre y un jardín botánico.
El origen del parque está en la exposición de doce esculturas de Lorenzo Quinn, de entre 2 y 7 metros de altura, cedidas a la ciudad por el artista, residente en Castelldefels.
Con una superficie de 5.300 m², el parque se organiza mediante caminos, zonas de estancia y dunas artificiales estabilizadas con vegetación autóctona. La propuesta botánica reúne especies representativas del delta del Llobregat y de los ecosistemas litorales: dunas fijas y móviles, humedales, lagunas y marismas salinas.
La selección vegetal responde a las condiciones propias del lugar —viento, salinidad, aerosol marino y suelo arenoso— y ofrece una gran variedad de texturas, formas y colores a lo largo del año. El arbolado existente, formado principalmente por pinos y tarajes, aporta sombra y continuidad con el paisaje costero.
La madera se plantea como material principal, utilizada en la formación de dunas, el mobiliario urbano y los cerramientos del parque. El recorrido incluye una laguna de playa, áreas de descanso, un laberinto verde, una zona de juegos y espacios de sombra.
Las esculturas metálicas emergen entre la vegetación y la topografía, convirtiéndose en hitos que articulan la visita y refuerzan el carácter singular del parque como espacio de encuentro entre arte, paisaje y naturaleza.
































